Qué beneficios tiene para el individuo y el estado una familia efectivamente funcional

Por: Marta Elisa de Menegazzo

Siempre lo hemos sabido porque nos lo han dicho en el colegio desde pequeños: “La familia es el núcleo de la sociedad”. Tal vez la primera vez que lo oímos ni siquiera lo reflexionamos, con el devenir de los años y según nuestras circunstancias, de repente, empezamos a echarle más cabeza a la frase pero…¿hemos pensado en la familia como el hábitat idóneo en el que un ser humano puede educarse, formarse y promoverse? ¿O creemos que una familia es importante más no necesaria? Si les ocurrió, a mí también y, lamento decirlo, estábamos equivocados.

Y no me mal entiendan, no quiero decir que una familia que por circunstancias ajenas a su voluntad se ha visto rota y carece de padre y madre juntos sea disfuncional, necesariamente; lo que digo es que la familia construida de la unión de un hombre y una mujer, que se aman verdaderamente y tienen ánimo de permanencia, tiene más elementos a su favor que facilitan el mejor desarrollo y promoción de sus miembros.

En primer lugar, tenemos el reconocimiento, aceptación y respeto que la familia nos provee, pese a nuestras diferencias físicas, de gustos, de habilidades, de capacidad de sentimiento y de cualquier otra circunstancia que me haga diferente. En la familia se le quiere y acepta al individuo porque es el padre, la madre, el hijo o la hija y no más. Este hecho tan contundente, genera salud mental. De esta aceptación proviene el que solo en la familia se educa de uno a uno porque no fuimos creados en serie. En el colegio, en la universidad obtenemos esa educación académica en serie para obtener, en el futuro, nuestro modus vivendi; la familia educa para ser persona y según las capacidades de cada quién.

Diálogo. El diálogo se da y debe ser continuo en la familia que al reconocer al individuo, reconoce la necesidad de interpelarlo en sus necesidades, carencias, angustias, problemas, crisis, etc. aceptando y respetando sus decisiones. Este ser interpelado le permite a la persona, también, interpelar. Todo esto se traduce en cuidados de unos a otros.

Donación y acogida. Éstas no hacen mención a la donación y acogida entre hombre y mujer que da paso a la vida de un nuevo ser sino a la dinámica de donarnos y acogernos entre los miembros de la familia con nuestro saber y tiempo. Esto resulta en un clima donde se rompe la barrera del egoísmo, dando paso al altruismo, paciencia y comprensión.

Pertenencia. Nuestra identidad está formada, por ejemplo, de nuestra ciudadanía, de nuestro sexo, de características físicas como el color de los ojos, del pelo, altura, etc.; nuestro trabajo o profesión también son parte de nuestra identidad. Pero donde la encontramos en la más profunda y única expresión es en el hecho de que solo yo soy hija de mi padre, solo yo soy madre de mi hijo, solo yo soy tía de mi sobrina y así con todos los lazos familiares que me unen a esas personas que por ser únicas en su parentesco hacía mí, también les provee de su más profundo sentido de pertenencia. Una personas que ha sido privada de esta clase de pertenencia, es una persona voluble y manipulable, lo que se traducirá en situaciones altamente peligrosas para sus relaciones sentimentales, sociales o laborales.

Cuidado. El cuidado físico, mental y espiritual del ser humano encuentra su mejor esfuerzo en el seno de la familia; sobre todo, en un mundo que lucha por legalizar el aborto hasta el momento mismo del nacimiento o la legalización de la eutanasia como “premio” a las personas que han trabajado y sido útiles a su país, familia y sociedad durante su vida pero ya no son más generadoras de riqueza.

Sentido de vida. Nuestra vida no es una mera casualidad, no lo puede ser cuándo hemos sido el resultado de la unión de un espermatozoide que junto con 250 millones más trataron de fecundar un óvulo que, por lo general, tiene una media de vida de 24 horas; sin embargo, solo ese espermatozoide y ese óvulo que fue la primera célula de nuestro maravilloso cuerpo lo logró. Así pues, estamos destinados para algo realmente grande como lo es la trascendencia y es en una familia amorosa que, día a día, lucha para llenar el cometido para el cual existe, que se empieza a vislumbrar el sentido de nuestra vida.

Solo después de considerar estas premisas, entendemos mejor, porqué la familia es el núcleo de la sociedad y la importancia que cobra esta aseveración, ya que nuestra sociedad será más o menos sana en la medida en que los individuos que la conforman sean más o menos sanos.