El valor de la maternidad

Por: Ligia Briz

Muchos somos fanáticos de las historias de superhéroes. No podemos negar que la idea de un ser humano, cuya naturaleza se transforma y lo convierte en una “versión mejorada” de sí mismo, con habilidades extraordinarias que pone al servicio de los demás y del bien común, es muy atractiva. Sin embargo, muchas veces olvidamos que tenemos muy cerca a los más increíbles superhéroes: las madres. Ellas experimentan cambios rotundos que las convierten en la mejor versión de ellas mismas, con habilidades que ponen al servicio de sus hijos y de la sociedad. ¿No me crees? Sigue leyendo.

La súper conducta

Los cambios conductuales son quizás los más evidentes. Una mujer, cuando se convierte en madre, automáticamente es más tierna, amorosa, atenta, invencible, protectora, incansable, entre otros. La naturaleza del comportamiento de la mujer se adapta a su nuevo rol de madre.

El súper cerebro.

En un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona utilizaron imágenes de resonancia magnética para demostrar que el cerebro de las madres embarazadas presenta una disminución de materia gris en ciertas zonas de la corteza cerebral. Esto les permite concentrarse totalmente en las necesidades del bebé, ya que las conexiones neurales impiden la distracción comunicativa de las neuronas, favoreciendo así una madurez en los procesos mentales. Esta es la explicación detrás del “sexto sentido” de las madres.

Las súper hormonas.

Las cantidades masivas de hormonas, como la progesterona y el estrógeno, son las que permiten esos cambios en el cerebro. Además, estas avalanchas de hormonas permiten que la madre se sienta atraída a su bebé en el periodo post-parto y convierten a las madres en las mejores previsoras de cualquier peligro.

La súper amígdala

La amígdala, esa estructura subcortical encargada del proceso de memoria emocional, es la encargada de las reacciones emocionales. Durante las semanas posteriores al parto, la actividad de la amígdala crece y se relaciona con los caminos de recompensa del cerebro, que se activan cuando realizamos actividades que nos gustan o nos producen placer. Estos se activan en la madre con solo mirar al bebé, olerlo, darle lactancia o interactuar con él.

El súper amor.

Los niveles de oxitocina, o la “hormona del amor”, crecen durante el embarazo y el período post parto, y a medida que la madre se involucra en el cuidado del bebé, continúan aumentando. El cerebro de la madre, entonces, presenta las mismas características y cambios que se observan en un cerebro enamorado.

El súper altruismo.

No podríamos hablar de amor, sin sacrificio. Las madres tienen el súper poder de procurar el bien de su familia de forma incondicional, es decir, sin esperar nada a cambio. Renuncian a cosas que nadie se da cuenta: el físico, las horas de sueño, las comidas calientes, los baños largos, y un interminable etc. Siempre ponen al prójimo (“el más próximo”) como su prioridad, sin pedir nada a cambio.

El súper tiempo.

Nadie ha descubierto el secreto (aún), pero las madres logran multiplicar las horas del día para cumplir todas sus responsabilidades en el ámbito familiar, laboral y personal. En un día de 24 horas ellas logran estudiar y/o trabajar, mantener la casa limpia y ordenada, alimentar una familia, dar lactancia, cambiar pañales, educar, hacer pagos, atender llamadas, apoyar a amigos, contribuir con su voluntariado, bañarse, comer, mantener la calma y todo esto mientras se ven guapísimas y contagian felicidad.

El súper timón.

Finalmente, las madres son quienes forman a los futuros médicos, abogados, policías, maestros, catedráticos, políticos, ingenieros, arquitectos, administradores, diseñadores, padres y madres, etc. La madre es la fuente de valores y virtudes que darán la dirección del futuro de nuestra sociedad.

Vale la pena aclarar que estos dos últimos súper poderes no serían posibles sin su compañero de fórmula, el súper padre, o sin sus súper colegas, su familia.

Así que hoy dedícale tiempo a tu superheroína, agradécele todo lo que ha hecho por ti, por tu familia y por la sociedad. No olvides recordarle cuánto la amas y admiras.

Y a ti, que eres madre, te dedico con mucho amor estas palabras, que no son suficientes para agradecer todo lo maravilloso que has hecho.

¡Feliz día de la madre!