¿Morirías por mí?

Por: Irma Marroquín

Cuando estamos enamorados y pensamos en esa persona con la que compartimos nuestro tiempo, nuestros días, sueños, ilusiones, tristezas, esa persona de quien disfrutamos su compañía, esas largas pláticas, salidas, aventuras, con la que soñamos un futuro juntos, esa persona por la que “moriríamos”… ¡Tiempo! ¿En realidad moriríamos por esa persona? Al estar enamorados, podemos responder sin pensarlo mucho: ¡Sí, sí moriría por él/ella!

Cuando estamos en una relación de noviazgo, románticamente decimos que daríamos la vida por el ser amado. Ahora bien, dimensionémoslo en el plano de las relaciones sexuales, ¿De qué manera podríamos “morir” por ese ser amado? ¿Alguna vez te has hecho esta pregunta?

Cuánto nos bombardea ahora el mundo, con que “para conocer mejor a tu novio”, “para que haya un vínculo que los una”, “para que haya una mejor conexión”, “para que se amen más”, “para que vean si realmente les gusta”, “para que el amor se fortalezca”… se deben tener relaciones sexuales.

¿Qué tal optar por un noviazgo sin relaciones sexuales? En el cual sí podríamos usar esta afirmación: ¡Moriría por tí! ¿Cómo así “morir por tí”? Sí, al optar por un noviazgo en el que se evitan las relaciones sexuales, prácticamente se recibe un tiro por el ser amado, pues lo protejo de la muerte a la vida eterna.

¿Cómo así protegerlo de la muerte? ¿A la vida eterna? ¡Sí! Al decidir no tener relaciones sexuales, protegemos a nuestro novio/a de la muerte, es como recibir un disparo con el que renunciamos a nuestros deseos carnales, al placer, al egoísmo, con el fin de demostrar amor total y auténtico al ser amado.

Muchos se preguntarán… Pero ¿y cómo hago para no tener relaciones?, ¿y si en mi relación de noviazgo anterior tuve relaciones sexuales, aún lo lograré en mi futura relación? incluso, ¿si con mi novio/a actual tengo relaciones sexuales, aún puedo optar por vivir la castidad?

Esta renuncia, esta “muerte por amor” es un acto de valentía y de amor verdadero que requiere tanto de voluntad como de decisión y no menos importante: de la Gracia de Dios.

Las relaciones sexuales son exclusivas para los esposos, pues son una expresión de su total auto-donación; además, fomentan, fortalecen y enriquecen su unión, no sólo para el presente sino también para el futuro.

Es clave tocar este tema, incluso antes de iniciar una relación de noviazgo. Conocer qué piensa la otra persona sobre el mismo, si está dispuesto a renunciar a las relaciones sexuales y si está decidido a que ambos luchen para que estas no sean parte del noviazgo. Porque es innegable que: ¿Requiere lucha? Sí. ¿Requiere voluntad? Sí. ¿Requiere ser un equipo con la misma visión? Sí. ¿Requiere llevar una vida de oración individual y en pareja? Sí. ¿Requiere huir de la tentación? Sí. ¿Requiere valentía y renuncia a uno mismo y a la carne? Sí. Todos estos “Sí” valen la pena, la vida, y más que eso…. ¡Valen la vida eterna!

Yo tuve una relación de noviazgo en la que, desde un principio, mi regla fue: “no relaciones sexuales”. He de ser muy sincera que cuando se lo dije a mi exnovio, le dije que era un valor y una virtud para mí pero no tenía la plena certeza ni la convicción del por qué no quería tenerlas. Quizá en un principio fue por miedo a quedar embarazada, por sufrir más de la cuenta si llegara a cortar con él, entre otras cosas.

Parte de lo que me sirvió para tomar esta decisión fue el testimonio y experiencias de personas cercanas a mí. Algunas me contaban lo difícil que era renunciar después de haberlo hecho una vez, pues era algo placentero y sin duda, los “unía” más, cuando lo que realmente hacía era volverlos dependientes uno del otro, pues al entregar cuerpo, mente y alma, esto “te deja una huella irrevocable”. Otras me decían que “se volvía parte de su relación”; recuerdo que alguien me dijo “después de eso, no hay nada, no hay nada más, eso es a lo más que podés llegar”; también me decían con mucho pesar “no me ha bajado mi período, estoy preocupada de estar embarazada”, y así, infinidad de cosas que fueron creando en mí conciencia para decir: “NO, definitivamente no quiero eso para mi vida”.

Durante la relación de noviazgo que tuve, en el 2017, conocimos JUVID y fuimos a una charla que dieron en 4 Grados Norte. El tema era sobre el noviazgo y de cómo vivirlo en castidad.

Ahí encontré muchas respuestas respecto a la pureza y castidad, me inspiró más a seguir en ese plan. No olvido cuando los charlistas nos contaron su experiencia de que lo más difícil eran las tentaciones que se presentaban y que ellos lo que hacían era tratar de huir de esos momentos “tentadores”. Si estaban solos en algún lugar, por ejemplo en casa y la tentación estaba latente, decían “vamos a correr” y literalmente, “huían” para no caer. Creo que eso es clave: aunque cueste un montón, es importante evitar ocasiones que nos lleven a caer en tentación.

En el 2018 con mi exnovio, recibimos el Curso para Novios Uno en Cristo que imparte JUVID, en el cual fui adquiriendo mucho conocimiento sobre el noviazgo y la sexualidad. Fue de mucha ayuda para mí, ya que en mi casa nunca me hablaron sobre la sexualidad, era un “tabú” y en ciertas ocasiones en las cuales preguntaba sobre ciertas dudas que tenía, me evadían el tema o “se hacían el quite”.

En el curso nos dieron muchas herramientas e información que me ayudaron a estar convencida de qué era lo que quería. Una de las cosas que llevaré siempre en mi corazón fue una charla en la que nos dijeron… “Ustedes, cada uno, son responsables de llevar al cielo a sus esposos. Y si no están casados… ¿qué están haciendo hoy para santificar a sus novios y que, con su ayuda, lleguen al cielo?” Cuánta responsabilidad tenemos para ayudar a nuestro novio para que pueda llegar al cielo, con las buenas acciones y decisiones que tomemos hoy.

También nos recomendaron unos libros que me ayudaron mucho y los recomiendo: “Amor Puro” y “Masculinidad Pura” por Jason Evert y “Feminidad Pura” por Crystalina Evert. En ellos podemos encontrar muy buen material sobre sexualidad y testimonios sobre la importancia de llevar un noviazgo casto.

En el libro “Amor y responsabilidad” escrito por Karol Wojtyla, se recorre el camino necesario para explorar desde dentro la lógica propia del amor. Dicho camino comienza con la importancia ofrecida por la experiencia misma del amor, que tiene la necesaria referencia al bien en toda relación auténtica de amor entre las personas. Es auténtico el amor que quiere el bien para la persona amada, es decir, el que se orienta hacia un bien verdadero y real, conforme a la naturaleza de ese bien. Es decir, no sólo “yo te deseo como un bien para mí”, sino “yo deseo tu bien”, “yo deseo lo que de verdad es un bien para ti”.

Vale la pena analizar si estamos dispuestos a desear el bien de nuestro novio/a o si quizá lo estamos deseando solo como un bien para nosotros mismos. De ser así, ¿estaremos dispuestos a renunciar, a morir a nuestros deseos carnales, a vivir un auténtico amor, siendo desinteresados y ayudar a mi novio/a para que se encamine a la vida eterna?

Siempre me ha gustado el pasaje bíblico de 1 Corintios 13, 4-7: “El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo”.

Recordemos que el noviazgo es un tiempo que nos permite conocernos, comunicarnos, conocer las opiniones de la otra persona, compartir nuestra manera de pensar, nuestras creencias e ideales para que logremos discernir si congeniamos y si podemos construir un proyecto de vida común, echando mano también de las diferencias que tenemos.

Cuando existen relaciones sexuales prematrimoniales podrían surgir matrimonios de apuro, hijos no deseados y muchas veces abortados. También surgen elecciones equivocadas en las que, la falta de claridad no permite discernir, evaluar y elegir nuestro verdadero bien.

¿Qué consejos podría darte para vivir un amor auténtico? La oración, tener una comunicación constante con Dios en la que le pidamos su gracia para llevar un noviazgo conforme a su voluntad; frecuentar los sacramentos, tener a un sacerdote como guía espiritual.

Novios/novias: ¿Están dispuestos a que el amor perdure a pesar de todo, a creer todo, a esperar todo y soportarlo todo (morir) por nuestro ser amado y así encaminarlo a la vida eterna?