No hay preservativo en para el corazón

Por: Lourdes Orizabal

Camila se despertó pensando que había sido todo un mal sueño, una pesadilla, lo cierto era que no, todo había sido real.

Como escribiría Lope de Vega en aquel poema, Se desmayó, se atrevió, se sintió libre pero al mismo tiempo cobarde.

Había sido una noche de copas y pasión, ella sabía que fusionar estas dos no era tan buena idea. Entre un clima falsamente Camila se preguntaba cómo podía frenar a aquel mequetrefe disfrazado de galán y cómo detener el deseo inmenso de amor en su corazón. Siempre había querido “El Cuento de Hadas” como el de Vivian en Pretty Woman, cuyo cuento nunca llegó. Le pareció que la noche anterior comenzó así, como de cuento, se sentía tan feliz pero conforme iba fluyendo y transcurriendo todo aquello no la saciaba, había mucho pero sentía poco.

Con solo recordar le daban ganas de llorar ¿De emoción? No lo creo, lloraba con tristeza en su alma. Siempre le habían dicho que tener sexo con un hombre era lo mejor que le podía pasar pero… ¿Por qué ella no se sentía feliz y pensaba que era lo peor que le podía haber sucedido? No es porque haya faltado acción, besos sobraron, como diría Arjona «Le besé hasta la sombra» es decir todo, pero faltaba algo, no sabía con certeza qué pero algo faltaba. Con la mente tan confusa no podía pensar con claridad.

Recordó que el hombre se había ido un par de horas antes, claro sin despedirse y sin intención de quedar para un día después. Camila vio el reloj y pensó que ella también debía salir e irse. Se duchó, se cambió, tomó su bolso y salió de aquella habitación aparentando que nada había pasado, que era normal sentirse así, pero llevaba un nudo en su corazón que cuanto más se alejaba más crecía.

Parece una historia nada más, querido lector no crees que es una historia muy realista, tan realista que parece el sentir de muchas mujeres y hombres, es la experiencia única que conocen algunos jóvenes sobre el amor. Para algunos no hay nada más grande, desconocen el concepto de comunión, intimidad, dignidad y eso nos hace llorar verdaderamente. En los últimos días con el esparcimiento del virus que atacó al mundo entero pude concluir con algunas reflexiones, que pido me permitas comparar y compartir.

Una pandemia alrededor del Planeta que destruye y causa llanto, nos duele. Pero también hay una pandemia que recorre el Mundo y es “la desinformación del Amor y la Sexualidad”, es como un monstruo que parece no tener fin, años luchando contra esto, tantos corazones rotos, miedosos, desesperados por una falsa creencia del Amor, ¿Desde cuándo el amor se rompe, tiene miedo y es tormentoso?

Hace un tiempo atrás pensé que cuentos como los de Camila se habían superado y que yacían en el cuartito de “Cosas que quizá un día necesitemos” que hay en todas las casas, pero no, es una realidad cercana, a la vuelta de la esquina, incluso habita en nuestros propios hogares, los jóvenes y adultos piden a gritos que se les hable de Amor, no un amor chafa, como algunas series o películas de Hollywood y Netflix, que en el fondo postulan una sensación poco duradera e incapaz de mantenerse firme.

Necesitan un amor verdadero, real, que explique aquel diálogo de Dios en Génesis 1:26 : «Hagamos al Hombre a nuestra Imagen y Semejanza» ¿A imagen de qué? ¿A semejanza de quién? A imagen del Amor, a semejanza de aquel que es eso mismo, Amor, Dios.

La pregunta ahora sería ¿Cómo acabar con toda esa desinformación? Y ¿Qué debemos de informar entonces?

Parecen un par de preguntas que contienen unas respuestas desalentadoras porque con solo encender la televisión, los celulares, las pantallas en general, nos topamos con videos, películas entrevistas y notas a un Don Juan o Doña Juana de la farándula que con lujo de detalle describen su último romance tan pasional, erótico y que con este vendría siendo el quinto, donde además todos parecen aplaudir.

A pesar de todo esto, encuentro una luz al fondo de ese túnel desolador, encuentro una fascinación y una tabla de salvación en aquella palabra tan pura que es Castidad. Donde hablar de castidad vendría a ser hablar de Amor, esperanza, libertad, totalidad y fidelidad.

La Castidad no es un NO es un Sí al Amor verdadero, un sí a la espera de un amor real, a Imagen y Semejanza de Dios. Porque la Castidad es ese entrenamiento para el momento justo de la comunión (común unión). ¿Quiénes deben vivirlo? La respuesta Todos, hombres, mujeres sean consagrados o no. Porque la Castidad hace puro el corazón. Recordemos las palabras de Jesús lo que todos algún día queremos vivir Mateo 5:8-12: «Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios».

Soy fiel creyente de lo siguiente: No existe entre todas las aspiraciones humanas otra más noble que el deseo de amar y ser amado. Para que esto suceda se necesita de varias purificaciones que solo la Virtud de la Castidad nos brinda. La práctica de ella nos da las herramientas y engrandece nuestra capacidad de poder dar y recibir amor verdaderamente.

Hay algo que no debemos olvidar, existe la Segunda Castidad, esa la viven aquellos que por circunstancias de la vida han caído pero se vuelven a levantar y comienzan a vivirla nuevamente, para así mantenerse puro y nunca impuro. Todo esto me recuerda a las palabras de San Pablo: En el Cielo no necesitaremos de nada, ni siquiera de las Virtudes Teologales, todo eso no será necesario, pero de Amor necesitaremos toda la Eternidad. Por eso mismo mi afán porque aprendamos a Amar de verdad.

Nada más inmenso y tan cercano al Amor que vivir buscando el mayor bien propio y el de los demás, como terminaría Lope de Vega en su poema: «Esto es Amor. Quien lo probó lo sabe»