Secuelas post Aborto

Por: Marta Elisa de Menegazzo

Siento debilidad por el tema de las secuelas post aborto y no por una fascinación mal sana; al contrario, quisiera que el asunto se grite a voces y que nadie se quede sin conocerlo, de la misma manera que nadie desconoce los efectos nocivos que pueden tener en una persona el exceso de alcohol, tabaco o drogas.

Son muchos los investigadores que han denunciado, en base a sus estudios, que el drama del aborto es difícil vivirlo sin tener consecuencias graves y dolorosas para la psique y el cuerpo de la mujer que lo experimenta; sin embargo, también existen estudios de mujeres, aunque en menor número, que dicen poder seguir con normalidad sus vidas después del aborto. Esto, entre otros aspectos que hay que considerar como educación, formación de conciencia, profesar una fe o no, han sido claves para que las secuelas que deja un aborto, no sean reconocidas por los facultativos de la salud psíquica y física ni como un trastorno, ni como un síndrome.

Dentro de los estudios que lo afirman categóricamente, no podemos dejar de mencionar:

1. “Abortion and mental health: quantitative synthesis and analysis of research published 1995-2009”, realizado por la Dra. Priscilla Coleman, en USA en el año 2011 y publicado en la Britisch Journal of Psychiatry, en el que declara que el 10% de mujeres que padecen un trastorno mental han abortado con anterioridad a la aparición de los síntomas clínicos del trastorno.

“Psychiatric admissions of low income women following abortion and childbirth”, realizado, también, por la Dra. Coleman en colaboración con los doctores Cougle, Suping, Rue y Ney y que concluye que las mujeres que han abortado tienen 2.6 más probabilidades de ingresar en una institución psiquiátrica en los 90 días siguientes de realizado el aborto.

En la contraparte, tenemos otras investigaciones que no correlacionan el aborto con un antes y un después en la vida de una mujer o que consideran que los hallazgos no son contundentes para decir que sí existen tales secuelas. Entre estos están:

1. Council of Representatives of the American Psichological Associaton, realizado en Washington D.C. en el 2008 que no estima que las evidencias sean suficientes para establecer una conexión entre aborto y salud mental.

2. Induced First-trimester abortion and risk of mental disorder, un estudio danés realizado en el año 2011 y se queda en el limbo, pues no apoya si hay o no incremento en las consecuencias mentales secundarias al aborto.

En cuanto a lo que a mí como mujer, madre, abuela y amiga concierne, tomo la oportunidad de no permitir que las mujeres sean engañadas respecto al tema y denunciar, fuertemente, qué podría pasar si las dejamos matar a sus hijos.

Hay personas que con argumentos o con violencia pretenden que el aborto sea legalizado. A ellas yo les diría, calmémonos y platiquémoslo. Quiero oír algo más que “Mi cuerpo es mío y hago con él lo que quiera”; ya hay suficiente evidencia científica para tirar por tierra ese argumento y perder tiempo en él.

Quiero hablar con la piensa “No voy a truncar mi carrera o mis sueños por seguir adelante con este embarazo” o la que dice con lágrimas en los ojos “Es la única salida que tengo”, “No puedo mantener un hijo”. Creo que ellas tienen el derecho a conocer la verdad, a no ser manipuladas por otras mujeres que ya han echado a perder su vida porque, tristemente a nadie les importó, ni a médicos y personal abortista que ganan mucho dinero con ello ni a políticos corruptos que ven en la legalización del aborto votos para alcanzar poder y fortuna.

Son mujeres que por la dignidad inherente que poseen tienen el derecho de conocer el aspecto total de lo que significa abortar y cómo podría ser su vida después del asesinato de su hijo,

El tema de las secuelas post aborto no solo lo parece, sino que es frustrante y complicado en un mundo donde se ha relativizado todo, hasta la vida humana y no veremos cambios al respecto hasta que no lo abordemos con valor y le demos la importancia que tiene.

Son muchas las mujeres que tienen uno o varios hijos después de un aborto y esos hijos y la sociedad donde se desenvuelven necesitan madres y ciudadanas fuertes y valientes que no le teman pararse en medio de una muchedumbre y dar un paso al frente para transmitir a su familia valores como honestidad, verdad, reciedumbre y valentía; al mismo tiempo, que enseñen con delicadeza a su prole a ponerse en los zapatos del necesitado, a no tener miedo a donarse y fundar un día sus propias familias, a ser tan valientes que se permitan sentir bondad, delicadeza, amor.

No es momento de tener generaciones de mujeres que estén tristes, deprimidas, arrepentidas, heridas de tal manera, en lo más profundo de su ser que no entiendan el porqué de tanto dolor que, al final, será el responsable de futuras malas decisiones en los diferentes ámbitos de su vida y de obstaculizar que desarrollen bien su rol de novias, esposas o madres.

Mujeres que no se sentirán plenas para entregarse a un hombre en el matrimonio y disfrutar de la alegría y regocijo que esta entrega conlleva, pudiendo contaminar tanto su grandeza que lo destruyan o que no comprendan por qué prodigan dolor en la vida de sus hijos, ante la confusión de estos últimos.

Alguno me dirá ¿qué importancia puede tener que una mujer aborte? Y mi respuesta es: lo anterior y mucho más. Si pensamos que son 50-55 millones de abortos al año en el mundo, llegamos a la conclusión que son millones de mujeres, también, las que están abortando.

Tenemos y debemos ayudarnos unas a otras, conociendo y denunciando las posibles secuelas post aborto para no abandonar a su suerte a quienes estén pensando en abortar porque están confundidas, sumergidas en la ignorancia o se sienten presionadas por personas o circunstancias externas.

Alguno me dirá ¿qué importancia puede tener que una mujer aborte? Y mi respuesta es: lo anterior y mucho más. Si pensamos que son 50-55 millones de abortos al año en el mundo, llegamos a la conclusión que son millones de mujeres, también, las que están abortando.

Antonello Vanni, especializado en Bioética en la Universidad Católica de Milán sugiere en un estudio presentado en su libro “Él y el aborto”, que cuatro de cada 10 hombres que han vivido un aborto presentan manifestaciones traumáticas dentro de los primeros 15 años después de ocurrido el mismo. Dentro de esas manifestaciones cabe mencionar: depresión (88%), culpa (82%), agresividad (77%), ansiedad (64%), autoaislamiento y marginación (68%), falta de interés y motivación en la vida (38%), perturbaciones sexuales, incluyendo impotencia (40%).

A los hombres que pertenecen al grupo que sugieren el aborto les debemos exigir que no se acomoden y que asuman la responsabilidad por su hijo; que tomen conciencia que si apoyan u obligan a una mujer a abortar ¿qué les impedirá hacerlo una y otra vez?

La existencia de ese ser humano, fruto de la acción de un hombre y una mujer, en el momento de querer matarlo se convierte en una decisión unilateral (la de la madre) pues en ningún país que ha legalizado el aborto, se toma en cuenta la opinión del padre que sí desea que su hijo viva; lejos de eso, hay países que apoyan el que ni siquiera sea informado de su existencia.

Así tenemos también muchos hombres traumatizados que se refugian en el alcohol, las drogas, el sexo y otros vicios, hombres ausentes porque no quisieron o no se les permitió ejercer su papel de protector de su familia, rol para el cual han sido creados.

Así como la presencia de la madre es todo en la educación de los hijos, la presencia del padre no deja de ser menos importante y esta relación también se ve dañada por todo el dolor y remordimientos que pudieran experimentar.

Existen alrededor del mundo diversos proyectos que apoyan, tanto a mujeres como hombres que han experimentado un aborto, hacia su sanación; entre ellos es importante mencionar el Proyecto Esperanza, Viñedo de Raquel, Proyecto Raquel y Proyecto Joseph. Los dos últimos pertenecen a la Iglesia Católica y existen desde 1975.

En Guatemala, contamos con Proyecto Esperanza que pertenece al Sector Defensa de la Vida de la Pastoral Familiar de la Conferencia Episcopal de Guatemala (49136497) y Proyecto Gabriel (Hot line 50155151) que apoya y ayudan a las madres que se encuentran ante la disyuntiva de abortar.

Cierro mi comentario con las palabras de Santa Teresa de Calcuta: “Al abortar, la madre no ha aprendido a amar; ha tratado de solucionar sus problemas matando a su propio hijo... Es por eso que el mayor destructor del amor y de la paz es el aborto”.